La neurociencia del baile

 

Son numerosos los estudios que confirman que practicar ejercicio físico minimiza el riesgo de sufrir demencia.  Si esta actividad física es algún tipo de danza, los beneficios se multiplican. Se ha comprobado que el esfuerzo mental de memorizar pasos de baile y coreografías y coordinar esta memoria con el cuerpo, actúa como un excelente protector de las funciones cognitivas.  En las clases de baile, el alumno debe retener las figuras que nuestra el profesor para ejecutarlas inmediatamente, lo que supone un intenso ejercicio de agilidad para la mente.

Por otra parte, el ritmo musical es un sentido innato. No hay más que observar la reacción de los bebés cuando escuchan algún tipo de melodía que les estimula. La danza y el baile son una forma de comunicación no verbal que permite expresar emociones que en ocasiones no somos capaces de expresar con palabras. El ser humano, al adquirir un lenguaje complejo, ha perdido en gran parte la capacidad de comprender y utilizar, de manera consciente, el lenguaje corporal. Por eso, tomar clases de danza, ayuda también a recuperar esa especie de don perdido.

El papel de la música en el cerebro

Pero el baile, además, va acompañado de música, que también aporta grandes beneficios a nuestro cerebro. Si has estado en algún concierto, sabrás las fuertes emociones que provoca. Los músicos se vuelven poderosos, y consiguen que el público salte enloquecido con los ritmos más frenéticos. O pueden erizarnos la piel con una pieza más suave y emotiva, y entonces la gente saca su móvil, mechero o linterna y todos se mecen al compás. Entonces surge, entre todos los asistentes un sorprendente vínculo que va más allá de coordinar movimientos o cantar al unísono. Es una conexión espiritual. Si trasladamos esto a un baile en pareja o a una coreografía en grupo, entenderemos por qué a la gente le gusta bailar. El sentimiento de cohesión y pertenencia es importante para los humanos, como seres sociales, por lo que va a repercutir favorablemente en la autoestima y en el nivel de felicidad individual.

Por lo tanto, el baile, sobre todo en la infancia, permitirá a los niños ser más conscientes de su cuerpo ayudándoles incluso a suplir las limitaciones del lenguaje propias de la edad. A la vez, aumenta la conducta prosocial y la capacidad de empatía y se aprende a entender mejor a los demás. Según estudios de neuropsicología, cada tipo de danza incide en la forma en que afrontamos nuestras dificultades cotidianas. Por ejemplo, los bailes improvisados, ayudan a enfrentar con más lucidez los problemas con distintas formas de solución. Sin embargo, los bailes que requieren movimientos precisos y pasos estructurados, ejercita al pensamiento para enfocarse en problemas con una única vía de salida.

Y en adultos, ayuda a ejercitar el cuerpo y la mente para mantener un físico y un cerebro perfectamente ágiles durante mucho más tiempo. Algunos expertos afirman que incluso pueden mitigarse los daños provocados por el Parkinson. El baile, ayuda a que el cerebro cree nuevos caminos neuronales capaces de activar la dopamina, que es un neurotransmisor relacionado con la cognición y el movimiento.

En Dancemotion ofrecemos clases de danza para todas las edades y con una amplia variedad de estilos diferentes. Este es un buen momento para empezar. ¡Bailar es salud y felicidad!

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