Cómo vencer la vergüenza a bailar

A mucha gente le da vergüenza bailar. Vivimos en una sociedad bastante inexpresiva. La comunicación corporal se vuelve cada vez más pobre, a medida que nos vamos haciendo adultos. Tendemos a proteger nuestras emociones y necesitamos controlar lo que mostramos a los demás y lo que guardamos para nosotros. Hoy día predomina la expresión oral, escrita y audiovisual, canales en los que podemos restringir, modular o incluso falsear. El gesto es espontáneo, auténtico y sincero, tanto, que nos da miedo.

Es por esto que cada vez hay más personas que desean iniciarse en la danza. Hay un deseo y una necesidad de encontrar una especie de refugio libre de ataduras, donde las personas puedan liberar su mente. Y esto se puede conseguir bailando. Sin embargo, hay muchas personas que deben batallar contra el hábito adquirido de retraer sus emociones y su expresividad más espontánea y natural.

Bailar para desinhibirse y desinhibirse para bailar

Evidentemente el baile y la vergüenza no son compatibles. La danza requiere una total y absoluta desinhibición del cuerpo y el espíritu. Por mucho que nos sepamos todos los pasos de baile, jamás podremos ser buenos bailarines, si no hemos trabajado y controlado el tema del pudor.  La vergüenza no deja de ser otra cosa que miedo a hacer el ridículo o a la reprobación social. Y el miedo al final es como una soga que ata al cuerpo, impidiendo que se mueva libremente.

Si sientes que este es tu problema y te has empeñado en superarlo, no te preocupes, porque se consigue. Todo es cuestión de practicar y ser constante, de enfrentarnos a nuestros temores y en cierto modo, de desaprender y librarnos de ciertas estructuras mentales. Comienza centrándote en tipos de bailes que sean sencillos y que puedas dominar en menos tiempo. Si empiezas con algo más complejo, la frustración de no poder ejecutar una coreografía de forma perfecta, te creará inseguridad. Por eso es más aconsejable ir aumentando el nivel de complejidad de forma muy gradual. Hasta que no sientas que controlas un estilo, no te arranques con otro. Con el tiempo, el control de la técnica te irá dando confianza suficiente para soltarte.

Una vez que tengas cierta base, es recomendable animarse con un tipo de danza más improvisado, donde de verdad tendrás que desinhibirte y sacar todo lo que llevas dentro. Si has tenido que luchar contra el pudor, es fácil que sientas algo de vértigo. Es normal: el cuerpo es una herramienta de expresión y puede decir cosas de nosotros que jamás diríamos con palabras. Pero ese es precisamente el reto, queremos ser capaces de dejarnos llevar, de librarnos del temor por los juicios ajenos y de ser plenamente nosotros mismos.

Como inspiración te dejamos un vídeo que se hizo viral en su día. Un chico comienza a bailar alocadamente, sólo y delante de cientos de personas en un concierto. No le importa si lo hace bien o mal. Le da lo mismo lo que los demás opinen de él. Solo baila del modo que la música le inspira, porque quiere disfrutar de ese momento. Rápidamente, comienzan a unírsele personas, bailando cada cual más a lo loco y pasándoselo en grande. Este nivel de desinhibición requiere un gran valor que no está al alcance de todos. Pero si quieres quitarte la vergüenza de encima y poder bailar con libertad, te animamos a que formes parte de alguna de nuestras clases de danza.

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