Danza del vientre: descubre la belleza y la fuerza de esta antigua forma de baile

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La danza del vientre, conocida también como danza oriental o danza del vientre árabe, es una forma de arte ancestral que se originó en el Medio Oriente y el norte de África. Aunque se popularizó en los países árabes, sus raíces se remontan a tiempos prehistóricos, utilizándose inicialmente como ritual de fertilidad. Los movimientos ondulantes ayudaban a desarrollar los músculos del abdomen y la pelvis y también facilitaban el parto.

La danza del vientre como ritual emocional

La danza del vientre se caracteriza por movimientos suaves y fluidos que se centran en el área central del cuerpo, especialmente el vientre. Puede ser improvisada o coreografiada e incorporar elementos como velos, candelabros o espadas. Es mucho más que un ejercicio físico o una danza llena de sensualidad. Es un tipo de baile que tiene una dimensión espiritual y emocional, cuya fuerza e intensidad proviene desde el propio vientre, desde las mismas entrañas, en el sentido figurado y literal. Requiere poco espacio, ya que el espacio es el mismo cuerpo. A diferencia de las danzas europeas, que requieren una postura bastante rígida, aquí el tronco se mantiene flexible y ondulante.

La danza del vientre ha sido fuertemente influenciada por diversos grupos étnicos, como los gitanos, Ouled Nail, beduinos y bereberes del norte de África. La ruta de la seda y de las especias en el Medio Oriente sirvió como un importante centro de intercambio cultural, donde turcos, persas, fenicios, otomanos, indios y españoles contribuyeron a una fusión de culturas y arte. Los gitanos, conocidos como «Ghawazee» para los egipcios, dejaron su marca en algunos estilos de la danza del vientre. Incluso dieron nombre a movimientos como el «Ghawazee» en el estilo tribal. Los Ouled Nail, por otro lado, también dejaron una profunda huella en la danza. Las mujeres de la tribu que bailaban en cafés y, en algunos casos, también se dedicaban a la prostitución. Después de reunir suficiente dinero, regresaban a su tribu, se casaban y enseñaban a sus hijas a bailar. Al igual que otros bailarines profesionales, llevaban monedas como joyería e incluso las cosían en sus fajillas, dando lugar a la típica falda decorada con monedas que tintinean con cada movimiento de cadera.

Una danza para mujeres y hombres

Aunque generalmente se asocia la danza del vientre con mujeres, existen también bailarines masculinos que la bailan con maestría. Históricamente, los hombres han participado en danzas orientales folklóricas como el Tahtib, las Danzas del Golfo, el Dabke, y las Danzas de Libia, Túnez, Marruecos, Magreb, entre otras. En la mayoría de los bailes de danza oriental, se separaban los sexos. Las restricciones culturales aseguraban que las mujeres bailaran solo ante su marido, familiares o amigas. Mientras tanto, los hombres bailaban en sus propias reuniones masculinas, y no existían bailes mixtos.

En el imperio Otomano, en Turquía, existían los Kochecks, jóvenes hombres que bailaban la danza del vientre para entretener a los sultanes en sus palacios. Sin embargo, con la colonización inglesa en Egipto, la danza del vientre masculina decayó al considerarse decadente y afeminada. Al mismo tiempo, las bailarinas femeninas quedaron asociadas a la prostitución, atrayendo a turistas en busca de exotismo. Afortunadamente, hoy día la danza del vientre ya ha conseguido liberarse de esa imagen sexualizada y erótica para verse como lo que es: una tradición llena de matices y complejidades, que va mucho más allá de la sensualidad de sus movimientos.

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