Los prejuicios de los bailarines de ballet

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Los prejuicios de los bailarines de ballet siguen estando presentes en el s. XXI. Pocos son los varones que consiguen forjarse una carrera profesional en el ballet. Hasta llegar a ello, deben realizar a diario entrenamientos intensos. Enfrentarse a sus propios cuerpos para estar en plena forma y convertirse en verdaderos atletas. Pero una de las luchas más duras  que deben afrontar tiene lugar en la mente. El enemigo es el prejuicio machista que somete a los jóvenes que quieren bailar a incómodos cuestionamientos. Muchos talentos se quedan por el camino debido a la presión.

Los prejuicios de los bailarines de ballet

Los estudiantes de ballet que son preguntados por este tema, destacan que  los varones que se interesan por la danza clásica deben enfrentarse a distintos conflictos tanto en el ámbito social como familiar. Esto es así durante la mayor parte de su vida. Por el simple motivo de haber elegido una disciplina que se asocia a la feminidad, la delicadeza, el color rosa y los tutús. La pasión convencida por construirse una carrera en el mundo del ballet es lo que permite a los bailarines ignorar los prejuicios y seguir avanzando.

Es tristemente común que los varones tengan que  enfrentarse a prejuicios machistas y homófobos, que consideran que el ballet no es para hombres. Al menos para hombres heterosexuales. Aún hay personas que piensan los movimientos suaves que debe ejecutar el bailarín no son aceptables en una sociedad en la que el hombre ha de mostrarse tosco y rudo. Es un machismo que trata de controlar hasta la expresión corporal del individuo y decidir qué gesto es masculino y qué es femenino.

Otro de los prejuicios de los bailarines de ballet se enfoca en la vestimenta. También suscita confusión y polémica entre las personas más ignorantes que piensan que llevar mayas y zapatillas es signo de amaneramiento. Este estereotipo hace que aún haya quien asocie el ballet con determinada orientación sexual.  Sin embargo, la danza clásica, como arte, es libertad y expresividad en estado puro y está por encima de cualquier cliché limitador.

El ballet y la masculinidad

Incluso hay quien piensa que el propio ballet puede llegar a “desmasculinizar” al niño. Sin embargo es todo lo contrario. La danza clásica les ayuda a interiorizar su masculinidad ya que en el baile tiene su propio rol diferenciado. El será el soporte de la bailarina del sexo puesto y tendrá que ejercer y controlar la fuerza.

El bailarín no solo cuida su cuerpo, también el de sus compañeras. Y es que la figura masculina en el ballet se incorporó como protector de la bailarina. Ellas representan la fragilidad y la delicadeza más puras y ellos proyectan la belleza del poder y la fuerza.

En realidad el ballet no es una disciplina para débiles. Exige una gran fuerza mental para poder entrenar y practicar durante largas sesiones. Es una pena que los prejuicios hagan desistir (o ni tan siquiera intentarlo), a jóvenes con un gran potencial.

Desde Dance Emotion animamos a madres, padres, niños y jóvenes a librarnos de los prejuicios de los bailarines de ballet y a superar estas barreras sin sentido. No sirven más que para destruir sueños. Queremos que nuestras aulas se llenen de varones fuertes y valientes.

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