Danza y Coronavirus. Impacto durante el confinamiento y expectativas futuras.

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Está claro que la pandemia mundial  ha influido en todas las actividades profesionales y de ocio y ha cambiado la manera de ejercerlas. Durante el confinamiento, a todos los profesionales, estudiantes y amantes de la danza no nos quedó otra que lanzarnos y adaptarnos al medio digital. Sorteando muchas dificultades, especialmente en relación a los espacios privados; podríamos decir que lo hemos superado con éxito y nunca se ha parado de bailar. Ahora bien, ¿qué nos espera a partir de ahora?

Impacto durante el confinamiento.

Marzo 2020. Se convoca el Estado de Alarma en España, nos confinan en nuestras casas y progresivamente a diferentes tiempos va ocurriendo lo mismo en el resto del mundo. Estamos ante una pandemia mundial. Y no se puede dejar de bailar. La red se llena de una oferta sin fin de clases online. De ballet, de contemporáneo, barra al suelo, etc. Completamente gratuitas, de pago, por donación voluntaria… Las opciones son infinitas, tanto para que los bailarines profesionales sigan entrenados como para que las escuelas y profesores no pierdan su actividad.

¿Qué problemas nos encontramos? El primero de todo, los espacios privados. Falta de metros cuadrados, suelos adecuados o habitaciones compartidas con otros seres humanos y/o mascotas. También podemos reconocer que esto ha generado situaciones divertidas y ha podido satisfacer cierta curiosidad al conocer las casas de la persona que está impartiendo la clase online. Ya sea una gran estrella como Tamara Rojo o Akram Khan o la profesora de la escuela de tu barrio.

El siguiente inconveniente que vemos es la despersonalización. Las clases completamente abiertas, impartidas a través de Facebook Live o Instagram por ejemplo; permiten llegar a muchísima gente a la vez, pero el maestro no ve quién está al otro lado; no hay correcciones personalizadas. Sin embargo, en las sesiones hechas a través de Zoom o las propias plataformas que algunas escuelas crearon, sí permitían establecer contacto visual y verbal entre ambos lados de la pantalla. Otro aspecto que podía causar dificultades en las clases online es que la danza se convierte en una actividad completamente individual, con una pantalla de por medio se pierde el aspecto colectivo que existe en un salón de danza. Pero, ya estábamos confinados; ya estábamos solos. Esa clase online podía suponer el momento de romper ese aislamiento y estar con más personas a la vez, aunque fuera de manera virtual.

Y precisamente por esto último no todo ha sido negativo. Todas las herramientas digitales nos han permitido estar un poco menos solos. Han hecho que no dejemos de bailar a pesar de las medidas de nuestro salón. Hemos podido mantenernos para la vuelta a las actividades presenciales. Hemos seguido creando.

Otro factor positivo de las clases online durante el confinamiento ha sido que hemos podido tener acceso a entrenar con grandes profesionales de todo el mundo y a practicar repertorio de reconocidas artistas sin salir de casa y a precios realmente asequibles o incluso de manera gratuita. Creo que nunca habíamos imaginado poder hacer una barra de ballet en el salón de casa con Mavin Khoo, el ballet master de la Akram Khan Dance Company. O qué tras ver el documental sobre Bobbi Jane, la bailarina que tras 15 años en Batsheva Dance Company inicia su carrera como creadora; estaríamos con ella aprendiendo a través del ordenador un fragmento de su última pieza.

¿Y ahora?

En algunos lugares se han vuelto a las clases presenciales, en otros se mantiene toda la oferta online y hay sitios en los que ambas modalidades conviven al mismo tiempo. ¿Qué consecuencias han quedado tras el confinamiento? Se han impuesto protocolos de seguridad en las clases, el aforo es reducido, distancias de seguridad, etc. Las danzas con contacto se van implementando de manera muy progresiva, ya sean bailes sociales o partnering en ballet o contemporáneo. Los profesores nos entrenamos en corregir mucho más verbalmente sin tener que tocar al alumnado….

Sin embargo, algo que ha quedado muy claro tras este período; y creo que de una manera bastante generalizada son las ganas de bailar. Basta que te quiten algo para que lo valores más. Hemos tenido una vuelta a las aulas con muchísima más energía y rebosante de creatividad. Por ambas partes, profesorado y alumnado.

Sólo queda decir que toda experiencia suma conocimientos, así que; cualquier situación parecida que se nos vuelva a presentar la afrontaremos, sin lugar a dudas; de manera resiliente y enriquecedora una vez más.

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