La danza y la diversidad corporal. La perfección no existe.

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Es frecuente escuchar grandes elogios a los cuerpos de las estrellas internacionales del ballet o recibir comentarios acerca de las condiciones físicas que poseemos al iniciarnos en la danza. ¿Existen realmente? Hablemos de la danza y la diversidad corporal. Digamos que la perfección no existe.

Hablar del cuerpo en el mundo de la danza es conflictivo. Parece que no tendría que haber ningún problema, ya que estamos hablando del instrumento de trabajo. La realidad, es que se han intentando desvelar ya varias veces polémicas en torno al peso corporal en grandes compañías y escuelas y siempre han acabado ocultas. En la película “Cisne Negro” de Darren Aronofosky (2010) se entrevén algunas de estas problemáticas.

La danza es un arte que trabaja con la perfección. Cuerpos hegemónico e ideales. Técnica depurada. Expresión máxima. Y es verdad, es el imaginario colectivo con el que se trabaja. En las escuelas de danza desde la infancia y en las grandes compañías internacionales.

¿Existe realmente esa perfección? ¿Cómo podemos ir hacia ella sin sembrar frustración a nuestro alrededor?

Lo primero de todo, podría ser empezar a pensar que la técnica en la danza es un camino que nunca se acaba. No hay una meta a la que llegar, si no que siempre es una continua evolución. Y por otro lado, es muy importante entender que la técnica debe adaptarse a cada cuerpo y no al revés. Y éste es un concepto bastante complicado de entender y de transmitir. Cualquier persona que practique cualquier estilo de danza, deberá buscar el máximo de sus capacidades físicas; eso es innegable. Pero lo que no se puede perder de vista es que se debe trabajar con el cuerpo real, no con un cuerpo imaginario. Si tienes los pies planos, por ejemplo; necesitarás trabajarlos y reforzarlos. Pero debes saber que nunca tendrás el empeine de Sylvie Guillem. Y eso no debería ser una frustración, un impedimento. No se puede invalidar a nadie simplemente por tener un buen empeine. Una buena pedagogía en el aula de danza debería llevarte por un lado, a trabajar ese empeine por supuesto; y por otro a potenciar lo mejor de ti. A comunicarte a través de la danza con técnica y expresión (aunque tengas los pies planos).

Y ahora pasemos a la morfología de los cuerpos. Se ha establecido una hegemonía corporal en los bailarines según disciplinas y compañías. Las bailarinas de ballet deben ser extremadamente delgadas mientras que los bailarines deben ser bastante fuertes (en este último caso los patrones ya están evolucionando un poco). En ciertas compañías de contemporáneo se exige un mínimo de altura diferente para chicos y chicas. Y por no hablar del color de piel, tema que ya hemos tocado en otros artículos.

Olivier Dubois es un bailarín y coreógrafo francés que desde los inicios de su carrera ha buscado romper la barrera de la tipología de cuerpos para la danza.

 

Cualquier tipo de danza resulta una disciplina exigente para el cuerpo. Se necesita una buena musculatura, con fuerza y elasticidad al mismo tiempo. Y esto, no tiene nada que ver con el peso ni con cuestiones estéticas.

Creo que es muy necesario recordar y transmitir que “todos los cuerpos pueden bailar”.

Y también pienso que todo lo anterior se aplica tanto en la danza profesional como en la danza amateur. “La danza es disfrutar”.

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